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No Soy Pilonga

Hombres de altura y sin miedo

Hombres de altura y sin miedo

 Raro resulta. Pero aún existen en los campos de Cuba hombres que pasan sus días en las alturas, estos son los desmochadores de palmas. El atrevido oficio tiene el encanto de casi tocar las nubes, escuchar el canto de las pencas y el placer de tumbar los frutos.

   Ligaduras, sogas, mucha habilidad y coraje son las herramientas vitales. El ascenso se efectúa lentamente, a medida que suben  las lazadas cruzadas alrededor del tronco, asciende el cortador.

    Una vez cerca del follaje el hombre machete en mano comienza a derribar el palmiche, considerado el alimento por excelencia para el ganado porcino debido a la cantidad de grasas y calorías que contiene.

   El  aire balancea una y otra vez el árbol,  mientras el derribador hábilmente aprovecha las idas y venidas del viento para rodear el penacho y con mucho cuidado cercenar los mazos de frutos que poco a poco caen en el suelo.

   Aunque un refrán muy criollo dice: “para abajo todos los santos ayudan”,  en este menester el descenso debe ser lento, pues resulta muy peligroso- cuenta Giraldo Medina, desmochador de Villa Clara, quien ha dedicado años al oficio-las plantas pueden alcanzar hasta ocho metros de alto, un resbalón es fatal.

   Este oficio está prácticamente desaparecido, es una de las tradiciones perdidas en los campos, debido a que la Palma Real está protegida legalmente y se prohíbe su destrucción.

 

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